En nuestra búsqueda de edificios singulares que podemos encontrar en Madrid, hoy os compartimos una edificación muy peculiar, y que muy pocos conocen: El Rascainfiernos, la vivienda-cueva ideada por el arquitecto Fernando Higueras (1930-2008).

El Rascainfiernos (el nombre surge en contraposición a la idea de rascacielos) es una vivienda-estudio subterráneo en Madrid, creada por Higueras en 1972 y localizada en el distrito de Chamartín, en el barrio Nueva España. Está formada por una pequeña vivienda exterior, y un estudio de 9×9 metros construido bajo tierra. Hogar del arquitecto hasta su fallecimiento, hoy día es la sede de la fundación que lleva su nombre y recibe visitas solo de profesionales interesados en conocer más a fondo su obra.

La figura y trabajo de Fernando Higueras

Fernando Higueras fue uno de los arquitectos españoles más reconocidos del siglo XX, diseñando el Pabellón Español en Nueva York en 1963 o el edificio polivalente en Montecarlo en 1969. En sus últimos años de vida presentó proyectos tan atrevidos como su propuesta para la Zona Zero de Nueva York o el Rascacielos Horizontal para Shanghai.

La historia del Rascainfiernos surgió (o así lo cuentan) cuando Paco Nieva, amigo de Fernando Higueras le estaba echando las cartas del Tarot y siempre le aparecía la carta con el símbolo de la muerte. Nieva le contestó que no necesariamente iba a morir, sino que simplemente lo veía bajo tierra con un ciprés encima. Anécdotas aparte, lo cierto es que Higueras construyó esta peculiar vivienda e hizo de ella su refugio personal llenándola de obras de arte y plantas.

Las ventajas de vivir en bajo tierra

Una de las características del Rascainfiernos son los grandes lucernarios que tiene en su techo y que iluminan todo. Para ello, Higueras construyó cuatro tragaluces de 2×2 metros que aportan una luz cenital que baña todo el espacio, quitando toda posible sensación de agobio o claustrofobia. Otra de las características del Rascainfiernos es que, al igual que cualquier edificación construida bajo tierra (por ejemplo: en las casas-cueva del sur y sureste español), esta hace de aislante natural, manteniendo una temperatura constante de 20-22 grados a lo largo de todo el año, haciendo que en verano no haga falta aire acondicionado en una ciudad tan calurosa como Madrid. Con mucha luz y una temperatura muy agradable, Higueras llenó el espacio de vegetación, que junto con los cuadros, esculturas, libros y fotografías que llenaban todos los espacios de la vivienda, daban a esta una personalidad única como la de su propietario.

Además de esta peculiar vivienda, se puede ver parte del trabajo arquitectónico de Higueras en Madrid, en edificios como el Instituto de Patrimonio Cultural de España en el distrito de Moncloa-Aravaca y considerado BIC desde 2001 o el Edificio para la Cooperativa de Viviendas Militares, un conjunto de edificios en la glorieta de Quevedo con Alberto Aguilera con grandes enredaderas y vegetación verde colgando de su fachada. También en Lanzarote se puede ver parte de su obra. Ganador del Premio Nacional de Arquitectura en 1960, Fernando Higueras fue más que un arquitecto: como artista multidisciplinar trabajó las artes en general, ganando el Premio Nacional de Bellas Artes en dos ocasiones: en 1954 y 1957, entre otros galardones, y realizando numerosas conferencias, charlas y exposiciones.

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